El arbolado de nuestras dehesas peligra. Por diferentes motivos, los alcornoques, robles y encinas que forman nuestro patrimonio natural, se debilitan y mueren.
Heredamos árboles centenarios, podados en tiempos pasados, con porte humanizado y notables lesiones de aquellos cortes. Se hiere de nuevo sobre heridas anteriores, no cerradas, patentando una herencia dolorosa, silenciosa, comprometiendo su futuro ante los desafíos del clima. De esta manera, los protagonistas de nuestra amada dehesa, quedan a merced de hongos que pudrirán su madera e insectos que perforarán sus ramas y tronco debido a las vías de acceso creadas por los cortes.
Los Agentes del Medio Natural llevamos al campo la normativa ambiental, asesoramos a propietarios y trabajadores, recomendamos buenas prácticas y denunciamos aquellas que se apartan de la norma en aras de un aprovechamiento racional, sin comprometer la salud del arbolado, que no se queja, no brama ni berrea, pero alienta sin pretenderlo el ansia lucrativa del hombre. Desde APAMNEX (Asociación Profesional de Agentes del Medio Natural de Extremadura) se ve necesario profesionalizar al podador, teniendo una capacitación, con un “Carnet de podador”, exigiendo, además, a los propietarios un uso responsable de la dehesa y unificando criterios de podas por parte de la Administración.
De esta manera se daría un paso adelante en la relación del hombre y el medio natural, creando una conciencia sostenible, agradeciendo los recursos que la naturaleza pone a nuestra disposición y sirviéndonos de ellos de manera civilizada y duradera en el tiempo. No podemos valorar la riqueza de la dehesa sólo por las cargas de leña o los euros que vamos a sacarle.
¿Qué vamos a dejarles a las próximas generaciones? ¿Una dehesa arruinada, sin regenerado, envejecida y herida? Es un legado de todos, una identidad, una fábrica de vida, todos tenemos el deber de cuidarla y el derecho a disfrutarla, lo dice la Constitución.
Entreguemos una dehesa respetada y abundante.